Herramienta gratuita
Códigos para las mesas, listos esta misma tarde.
Escribe el enlace que quieres que abran los clientes, di qué mesas tienes y descarga los códigos. Salen a resolución de imprenta, con el número de mesa recortado en el centro y con el nombre de tu casa encima en lugar del nuestro. No hace falta cuenta ni correo, y lo que escribas se queda en tu navegador.
Tu carta, tu web, donde quieras. Empieza por https://
Escríbelos como los llamáis vosotros: 1-12, 20, 21. Solo cifras, porque en el centro de un código no cabe otra cosa.
En el código aparece solo lo que escribas tú. Nuestro nombre no va en tu etiqueta, porque lo que hay detrás del enlace es asunto tuyo y no nuestro.
Qué te llevas
Un archivo por mesa, numerado, listo para una hoja de papel adhesivo o para la imprenta. La etiqueta es cuadrada y sale limpia al tamaño que le pongas. Encima y debajo va lo que escribas: el nombre de la casa, «Escanea para ver la carta», la contraseña del wifi.
- PNG con un tamaño físico razonable escrito en el archivo, para que no aparezca de medio metro cuando lo metes en un documento.
- SVG para la imprenta, o para meterlo en un documento sin que se emborronen los bordes.
- Un único archivo comprimido en cuanto pides más de una mesa.
- El nivel de corrección más alto, que es lo que paga el número del centro.
Por qué nuestro nombre no va en tu pegatina
Porque el enlace es tuyo y nosotros no pintamos nada en lo que pase después de escanear. Poner «Escanea y pide» en un código que abre un PDF manda al cliente a buscar un botón que no existe, y el nombre de abajo carga con la culpa de algo que ni llevamos ni podemos arreglar. Así que la etiqueta lleva tu nombre y las palabras las pones tú.
Por qué no te pedimos nada a cambio
Un correo de alguien que todavía no ha visto el producto vale poco. La herramienta funciona en tu máquina: el enlace que escribes no sale de ahí, así que no hay nada que guardar aunque quisiéramos. Cierras la pestaña y no queda rastro.
Un código en la mesa no es un sistema de comandas
Aquí se acaba lo que hace una pegatina. Abre un enlace. Si detrás hay una foto de la carta, el cliente la mira y después levanta la mano igual que siempre, y lo único que ha cambiado es dónde vive la carta. Lo que importa es si esa página puede recoger la comanda. Cuando puede, la comanda llega al camarero que lleva la mesa y a la partida que la prepara, y los dos viajes que costaba cada ronda desaparecen.
Qué cambia si el enlace es una carta de Klevra
Las mismas pegatinas, otra cosa detrás. Los clientes piden desde la mesa y pagan desde su móvil si quieren, o piden la cuenta y pagan en la barra, en efectivo o con el datáfono que ya tienes.
- La comanda llega primero al camarero y a la partida en cuanto él la aprueba.
- Cambias un precio en el catálogo y la carta lo enseña segundos después. Las pegatinas se quedan donde están, porque el código apunta a tu carta y no a un archivo.
- Cada comensal ve su parte ya sumada y la paga.
- Alérgenos, valores nutricionales y gramaje van en el plato, rellenados una vez.
- Al cobrar, el ticket sale de tu propio TPV, igual que hoy.
Ponerlos en las mesas
Lo barato es una hoja A4 de papel adhesivo y la impresora de la oficina. Los recortas, los pegas y, si las mesas están fuera, les pones un plástico transparente encima. Si tienes impresora térmica de etiquetas, el archivo ya le vale: el código está montado sobre píxeles enteros para que la tinta no se afine en tamaños pequeños.
El código que sale de aquí apunta exactamente adonde tú digas y no hace nada más. No pasa por nosotros, así que no podemos seguirlo ni cambiarlo después, y no se rompe si un día dejamos de existir. Si más adelante quieres que esa misma pegatina recoja comandas, te haces una cuenta y la apuntas a tu carta de Klevra.
También te puede servir
La pegatina era la parte fácil.
Te haces una cuenta, fotografías la carta y pones los códigos en las mesas.