Klevra

Para terrazas

Veinte metros hasta el TPV, cuatro veces por mesa.

Una terraza tiene un problema que el comedor no tiene: todo está lejos. El TPV está dentro, la cocina más allá, y entre ellos y la mesa 14 hay veinte metros y tres mesas que te paran por el camino. En verano eso se multiplica por las mesas que has sacado fuera.

El viaje que desaparece

Hoy una ronda pedida fuera son dos viajes: uno al TPV para marcarla y otro al pase para que se entere la cocina. La comanda enviada desde la mesa llega en el mismo momento al móvil del camarero y a la pantalla de la partida. El camarero se queda fuera, entre las mesas, en lugar de hacer de recadero. Entra una vez, al cobrar.

Cuarenta mesas en verano, doce en invierno

Una terraza no tiene el mismo tamaño todo el año, así que la cuota tampoco tiene por qué tenerlo. Cada local elige su plan y se factura por separado, de modo que la terraza de verano puede estar en un plan mayor exactamente los meses que trabaja. Si la cierras en octubre, la apagas desde el panel ese mismo día. No firmas doce meses para usar cuatro.

  • Las etiquetas de las mesas nuevas las imprimes tú, cuando quieras, en cualquier impresora.
  • Ponles un plástico transparente encima. Son papel impreso, y la lluvia los estropea como estropea cualquier papel.
  • El código sigue siendo el mismo año tras año, porque apunta a tu carta y no a un archivo.

El rosado se acaba a las nueve

Lo marcas como no disponible desde el móvil, en medio de la terraza, y desaparece de todas las cartas que se abran después. Nadie pide algo que no tienes, y nadie hace el viaje hasta la mesa para disculparse. Con el precio igual: lo cambias en el catálogo y se ve en segundos, en todas las mesas a la vez.

Personal de temporada

En verano entra gente nueva y algunos se quedan tres meses. Poco hay que enseñarles de un manual: las comandas llegan al móvil y lo que hay que aprobar se aprueba con un toque. Quien prefiera pedir a una persona sigue pidiendo a una persona. Se sale para que te atiendan y para hablar, y el código de la mesa es un camino más, no el único.

La cuenta, en la mesa de fuera

Cada uno ve su parte ya sumada y la paga, sin esperar a nadie y sin que nadie entre. Quien prefiera paga en la barra, en efectivo o con tu propio datáfono, igual que ahora. El ticket sale de tu propio TPV. De los pagos cobrados online nos quedamos entre un 0,5 % y un 1 %.

Los clientes van con sus datos móviles, y los móviles del equipo pueden ir igual, así que ninguno de los dos está esperando a que tu wifi llegue al fondo de la terraza. El TPV sigue funcionando pase lo que pase, porque nunca dependió de nosotros.

Las mesas de fuera pueden tener códigos antes de abrir mañana.

Te haces una cuenta, fotografías la carta e imprimes las etiquetas.