Klevra

Para food trucks

Un food truck no tiene mesas. Tiene una cola.

Todo lo que se escribe sobre el código de la mesa no te sirve de nada, porque tú no tienes mesas. Tienes una ventanilla, una cola delante y veinte minutos de punta en los que se decide el día. Esta página va de esa parte.

El código va en la ventanilla, no en una mesa

Lo pegas donde acaba la gente: en el mostrador, en el lateral del camión, en la pizarra de los precios. Lo escanean mientras hacen cola, miran la carta lo que necesiten y mandan el pedido desde ahí. No se instala nada. Si estás en un festival con dos ventanillas, pones el mismo código en las dos.

El número de pedido y cuánto queda

Al enviarlo reciben un número corto y una estimación del tipo «listo en unos 8 minutos». Los números vuelven a empezar por el uno cada mañana, para que no acabes gritando «cuatrocientos setenta y tres» a las dos de la tarde. La estimación se rehace sobre la marcha. No va hacia atrás ni promete el segundo, porque tú tampoco puedes.

  • Se apartan de la ventanilla y vuelven cuando está. La cola se afloja sola.
  • Tú marcas el pedido como listo y ellos lo ven en el móvil.
  • Cuando se acaba algo, lo marcas no disponible y desaparece para todos los que escaneen después.
  • Si tienes una plancha separada del mostrador, cada uno ve solo lo suyo.

Qué pasa con el dinero

Lo que pasa ahora. Quien quiere paga online desde el móvil con su tarjeta. Quien llega con efectivo o quiere darte la tarjeta paga en la ventanilla como siempre, y de eso no nos llevamos nada. El ticket sigue saliendo de tu propio TPV. No somos un equipo fiscal y no nos metemos en tu cadena de facturación.

En verano en la costa, en invierno en la ciudad

La carta la cambias desde el móvil, entre dos pedidos, y se ve al momento. El precio de festival puede ser distinto del de calle, porque cada emplazamiento tiene su plan y se factura por separado. Si el camión para tres meses, apagas la suscripción desde el panel el día que cierras. No firmas nada por un año.

Lo que no te resuelve

La cola no desaparece. Una plancha y treinta personas siguen siendo treinta personas; solo que están sentadas en la hierba con el móvil en vez de apretujadas en la ventanilla. Lo que desaparece es lo demás: dejas de llevar en la cabeza quién pidió qué, dejas de escribir en un papel que se moja y dejas de gritar por encima de la música.

Klevra no lleva comida a casa de nadie ni sustituye a una plataforma de reparto. Si una parte de lo que vendes sale hacia domicilios, para esa parte necesitas otra cosa. Aquí se trata solo de los pedidos que tomas tú, en la ventanilla.

Una pegatina en la ventanilla y ya está.

Te haces una cuenta, fotografías la carta y pegas el código donde lo vea la gente.