Klevra

Carta digital

La carta se cambia desde el móvil y el cliente pide desde ella.

En 2021 medio sector puso un QR en la mesa. Detrás había un PDF que se ampliaba con dos dedos y se perdía al girar el teléfono, así que el papel volvió, y con motivo. Una carta que solo se mira no le ahorra un viaje a nadie. Esta recoge el pedido: el cliente elige, lo manda, un camarero lo valida y aparece en la pantalla de la partida que le toca.

Ya probamos el QR en 2021 y volvimos al papel

Lo que se probó entonces fue una carta en PDF. Enseñaba precios y poco más, y pedir seguía dependiendo de que alguien se acercara a la mesa con el bloc. La diferencia está en lo que ocurre cuando el cliente termina de leer: aquí toca el plato, lo manda y la comanda llega al camarero y a cocina. Es otro producto. La carta de papel puede seguir encima de la mesa, por cierto. Mucha gente la prefiere y no vamos a discutírselo.

Se ha acabado el pulpo a las dos y media

Entras desde el móvil, marcas el plato como agotado y desaparece de la carta en segundos, en las 18 mesas a la vez y también en los pedidos para recoger. Nadie tacha nada a boli ni manda reimprimir. Con un precio pasa lo mismo, y con una foto que ha quedado mal, y con el menú del día, que se cambia entero por la mañana en un rato. Si llevas dos locales, cada uno tiene su carta y sus precios.

Los catorce alérgenos, plato a plato

Cada producto tiene sus campos y se rellenan una vez. Los 14 alérgenos del Reglamento (UE) 1169/2011 quedan marcados en el plato, no en una carpeta plastificada que hay que ir a buscar a la barra, y el cliente los ve al abrir ese plato en su móvil, antes de pedirlo. Sin preguntar a nadie. La obligación de informar sobre alérgenos existe y no la hemos inventado nosotros. Lo que hace Klevra es guardar esa información y enseñarla justo donde se pide la comida.

  • Los 14 alérgenos del Reglamento (UE) 1169/2011, marcados producto a producto.
  • Valores nutricionales y aditivos, si los declaras.
  • Gramaje de la ración, foto y descripción.
  • Cambias la receta una vez y el cambio sale en todas las cartas y locales donde esté ese plato.

En agosto media terraza no habla español

La carta se puede leer en hasta seis idiomas, y el cliente elige el suyo al abrirla. Las traducciones las lleva el local: la IA hace la primera pasada y luego se repasan a mano, porque a un solomillo poco hecho no le sienta bien una traducción automática. Los seis cuentan el tuyo, así que quedan cinco para el verano. Es la parte que más se agradece en la costa, cuando el camarero lleva media hora explicando la misma carta en tres idiomas y la mesa de al lado sigue esperando su turno para preguntar qué lleva el salmorejo.

¿Cuánto se tarda en tenerla montada?

Una hora basta si la carta en papel está limpia y legible. Le haces una foto, la IA saca los platos y tú los repasas uno a uno, porque los nombres de la casa no los acierta ninguna extracción automática. Lo que más tiempo lleva son los alérgenos, y eso se hace una sola vez. Si lo que necesitas es un PDF bonito colgado de un enlace, hay cosas más baratas que esto.

  • Subes la foto de la carta y repasas el catálogo plato a plato.
  • Rellenas alérgenos y datos donde hagan falta.
  • Pegas los códigos en las mesas: a cada local nuevo le mandamos dos juegos de pegatinas impresas.
  • Desde 19 € al mes por local, informes incluidos. Los pagos online llevan entre un 0,5 % y un 1 %; el efectivo y la barra, nada.

Esta página no es asesoramiento legal. Cómo tienes que presentar la información de alérgenos en tu local te lo dirá tu asesor; Klevra guarda esos datos y se los enseña al cliente, pero los rellenas tú, que eres quien sabe lo que lleva el plato. El código de la mesa tampoco sustituye a nadie: el cliente que prefiera preguntar, pregunta.

Sube la carta y mira cómo queda en un móvil.

Creas la cuenta, subes una foto de la carta y repasas los platos uno a uno.