Para pizzerías
El horno tiene su ritmo. Lo demás puede dejar de interrumpirlo.
En una pizzería todo desemboca en un punto. El horno saca por hora lo que saca, y lo que pasa antes o lo alimenta a tiempo o le cuesta una hornada. Una comanda escrita en un papel que llega al horno por dos pares de manos es justo donde se pierde esa hornada.
Las comandas llegan escritas, no gritadas
El cliente elige en la mesa y envía. El camarero la aprueba con un toque y aparece en la pantalla del horno, con lo que se ha pedido y lo que se ha cambiado. «Sin cebolla» está ahí escrito en lugar de gritado por encima del ruido del pase. Nadie descifra una letra y nadie hace una segunda pizza porque la primera salió mal.
Salen de una en una, no todas juntas
En una mesa de cuatro hay dos pizzas listas en ocho minutos y una que tarda más porque lleva masa gruesa. Cada plato se marca por separado según sale, y la comanda se cierra sola solo cuando ha salido todo. Ves lo que sigue en el horno y lo que espera en el pase sin preguntar.
- Si también tienes zona fría o barra, cada una ve solo lo suyo. Las pizzas al horno, la cerveza a la barra.
- Los antipasti y las pizzas pueden ir a partidas distintas sin que nadie ordene nada a mano.
- Cuando se acaba la mozzarella de búfala marcas el plato como no disponible y ya no se puede pedir.
Los que vienen a recoger
Un pedido para recoger entra en la misma lista que los de mesa y recibe un número corto que cada mañana vuelve a empezar por el uno. El cliente ve una estimación del tipo «listo en unos 15 minutos», así que deja de estar diez minutos en el mostrador mirándote trabajar. No es una cuenta atrás, son las cuentas de la cocina, y se rehacen sobre la marcha.
Una carta que cambia a menudo
La pizza del día, el precio de la harina que se mueve, el menú de mediodía que va hasta las cuatro. Todo eso se cambia en el catálogo, y las cartas que se abren unos segundos después ya enseñan la versión nueva. El mediodía puede ser una carta aparte, con sus días y sus horas, que se abre y se cierra sola. Alérgenos, gramaje y lo demás que pide la ley están en cada plato, rellenados una vez.
Cobrar
Cada comensal ve su parte ya sumada y la paga, o la mesa pide la cuenta y paga en la barra, en efectivo o con el datáfono que ya tienes. El ticket sale de tu propio TPV igual que hoy, y el camarero registra la venta una vez por esa mesa al final. De los pagos cobrados online nos quedamos entre un 0,5 % y un 1 %.
Klevra no hace reparto ni sustituye a una plataforma de reparto. Si buena parte de tus pizzas sale hacia casa de la gente, para esa parte necesitas otra cosa; nosotros cubrimos lo que se pide en la mesa y lo que se recoge en tu local. Tampoco hay conexión directa con los TPV, así que la venta se sigue registrando a mano.
También te puede servir
El horno puede recibir las comandas directamente mañana.
Te haces una cuenta, fotografías la carta y pones los códigos en las mesas.